EL SÉPTIMO DIA

Me gusta escribir, narrar, inventar contar y descontar. No valgo para relatos largos, se me cansan las ideas, así que en un ataque de inspiración y originalidad he decidido empezar un blog. Uno mas, de los miles de millones que ya hay, uno mas que nadie va a leer.

La iluminación para cr1397916543_413909_1397925656_noticia_normalear este espacio me llegó un domingo. Un domingo libre.

Y es que los domingos son días raros, Yo creo que cuando Dios lo creó, bueno en realidad no los creó Dios ya que EL descansó el 7 día de la creación.Por lo tanto el domingo fue creado por otra deidad desconocida a la cual nunca se dirigen nuestras plegarias o bien simplemente nunca fue creado. Sea como fuere lo cierto es que los domingos son días raros. desde que te levantas te das cuenta  que huele diferente. Abres la ventana y huele, a domingo. Un olor cálido y acogedor. Aunque haga frío. El aire que te llena los pulmones esta mas dulce, mas sereno.

Paseas por la calle y la luz no es la misma que la de cualquier otro día de la semana. Si hace sol- ese milagro que a veces suele asomarse en Pagris- la luz no es nunca deslumbrante. Aunque el cielo este despejado y de un azul brillante, la luz de los domingo llega siempre tamizada, mas opaca, menos clara, mas suave. Una luz delicada especialmente creada por una deidad para no dañar los frágiles ojos de los que se levantan con resaca

Ademas del olor y la luz, los domingos son días para darnos una tregua. Para tomarte el café mirando por la ventana y pensando que has hecho con tu vida, que estas haciendo y que vas a hacer. Es un día de epifanías y de nostalgias. El día de la semana en el que uno se permite ser frágil y recordar momentos mejores, en los que fue mas feliz, en otras compañías. O días en los que te tus reflexiones vaguean y prefieren aferrarse al presente, mas real y mas nítido que nunca. Pensar, reflexionar, no en el sentido de recapacitar, sino simplemente de dejarte llevar por ideas, quizás absurdas, quizás intrascendentes,que te atrapan en una espiral de ensimismamiento.

El ensimismamiento seria el estado propio de los domingos. Pensar sin pensar, verse sin verse, charlas con los amigos alrededor de unas cañas viéndote desde fuera, pensando lo feliz que eres y lo poco que dura. Mirar sin ver ese rayo de sol que entra por la ventana, el aire que mueve los visillos y hace que te vuelvas a tapar y sigas durmiendo aunque sean mas de las 12. Mirarse y verse y encontrarse.

Los domingos son como una canción folk. Llena de reminiscencias y de nostalgias que ni siquiera sabias que existían. Horas y horas para echar de menos algo que nunca has tenido y dejarte llevar mas que nunca por algunos versos o algunos sonidos. Los domingos son el único día de la semana que se puede llorar por nada y pasear sin rumbo.

La Diosa de los domingos es indulgente, pacífica y amable. Cuida de los resacosos y los deportistas por igual. No te juzga. Ampara manifestaciones, cañas, cines y paseos. Nos bendice y nos renueva para enfrentar otra semana de desamparo laboral. Otra semana donde la luz será demasiado fría y deslumbrante. Seguirá oliendo a metro cerrado y a supermercado abarrotado. El tiempo se detendrá en las colas y los andenes haciéndonos creer que el martirio es infinito y la felicidad fugaz.

Quizás sea el Domingo,el último día de la semana, el día mas indicado para sentirnos mortales y pasajeros. Bien lo sabía Mario Benedetti, que decidió, fiel a su poesía, morir un domingo.

Lo bueno de morirse en domingo

Lo bueno de morirse en domingo es que te quedan

los lunes tan a mano

que se toca

la eternidad entera con los dedos,

lo bueno de morirse en domingo es que no hay tiempo

ni tierra en que enterrarte

y se te queda

mirando una epidemia del color de la nubes

y te inventas las horas otra vez,

te imaginas un mundo en el que sólo las cosas que has amado

tienen cuerpo y dicción,

un mundo a tu estatura, sin palabras heridas ni voces de antipájaros,

un mundo en el que valen

las distancias sin cable y la inminente promesa

de otra resurrección.

Lo bueno de morirse en domingo es que mañana es ahora,

que una gota de agua es lo mismo que una gota de agua

y que hablar,

simplemente,

es mirarse uno a otro en el instante preciso

en que empieza el deshielo

Mario Benedetti